#Manualdesupervivencia Vol.1: La comida

El embarazo es como una jungla inhóspita e inexplorada, llena de peligrosos antojos, bichos que contagian náuseas y rampas en las piernas, cascadas de lágrimas, árboles de los baños y loros de las dudas por todas partes. Sí, no es un panorama de lo más apetecible pero parece que ni esta visión nos impide coger una avioneta cochombrosa y plantarnos ahí enmedio, sin pensarlo, “con un par”. Y claro, una vez estas ahí metido, rodeado de barro ciaticoso y molestos mosquitos migrañosos lo piensas: “¿y porqué no me habré estudiado un manual de supervivencia antes de meterme en este berenjenal?”.

Pues porque no lo hay, no existe nada que pueda explicarte realmente cómo será esta aventura, que pueda ayudarte a explorar una jungla que tendrás que descubrir por ti misma. Pero, aunque no sea la misma región y cada selva tenga unos insectos distintos (ojalá te haya tocado una sin moscas tse-tse ni gusanos de los gases) siempre podrá ser de ayuda la experiencia de otras exploradoras. Y yo, superviviente ya de casi 8 meses en mi pequeña isla, he decidido crear un #manualdesupervivencia para el embarazo para intentar que las que aterricéis ahora no acabéis llenas de picadas la primera noche ni nadando en el río de los sollozos los primeros meses.

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Si estarás más motivada visualízate así… Luego no te me deprimas si te ves reflejada en una charca y no se cumplen tus expectativas a lo Lara Croft

Así que os doy la bienvenida al primer volumen de mi #manualdesupervivencia. He decidido empezar por algo básico en la jungla: conseguir comida. Tranquila, no me cojas el machete como si fueses “George de la Jungla” dispuesta a dejar calvo a ese pobre cocotero: en esta selva hay muchos frutos y animales venenosos que tendrás que aprender a evitar antes de lanzarte a la caza.

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Sí, quedaría muy bien pero bájate de la nube y vuelve a vestirte que se te está cayendo la hoja-tapatetas

Toma nota de la lista en tu libretita de explorador pero tampoco te la mires mucho, hay peligro de querer construir una balsa con cuatro tronquitos para intentar escapar cuando veas que tu alimentación está más restringida que la de los que intentan seguir la dieta del cucurucho en el noveno mes de embarazo (echad un ojo a mi post Cincuenta sombras de Juergamamá para informaros más sobre este tema futuros ayunistas).

Empezaremos con una norma básica en esta jungla en la que vivirás los próximos meses: si no hay fuego no hay sosiego. Es decir, olvídate de hacerte la súper pescadora o creerte mejor cazadora que la prota de “Los juegos del Hambre” si no sabes encender un fuego: nada de pescado, marisco o carnes crudas. Los parásitos Anisakis (monstruo A) y Toxoplasma Gondii (monstruo T) se pueden encontrar respectivamente en los pescados y carnes sin cocinar.

  • En cuanto al pescado, céntrate en los peces blancos (merluza, dorada, rape) , que tengan mucho Omega-3 (como el salmón) y poco mercurio (evita consumir grandes cantidades de mero, pez espada o atún, especies con suficiente mercurio para una fábrica de termómetros).  El pescado ahumado tambien es mejor evitarlo: por mucho que sea más fácil de pescar (al pobre no le queda mucha visión con tanta humareda) no podrás comértelo pues el proceso de ahumado no asegura la eliminación del malvado monstruo A.
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Aquí tienes, motivación 1: te puedes comer toooodo lo que quieras de esta bandeja… ¿tampoco es tan grave la cosa no?
  • En el caso de la carne,  si nunca antes has tenido la “suerte” de padecer Toxoplasmosis (infección provocada por el Monstruo T) no estás protegido por lo que tienes que vigilar mucho cuando cocines a tus presas: nada de “la voy a hacer al punto” o “yo la quiero rosadita por dentro”. La carne tiene que estar muy bien cocinada, cosa que en la mayoría de ocasiones provoca que el jugoso filete se convierta en “zapalete”, exquisita carne más dura que un zapato que puede hacer que te rompas algún diente.
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Olvídate de la jugosidad de la carne por unos meses
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Tú a por el trozo que señala el buen hombre: tostadita por fuera y sequita modo zapateria por dentro

Así que, resumiendo, por mucho que esas ostras se contoneen ante tí enseñando sus perlas, que el “sushi-pez” no pare de aparecerse en cada río que cruzas o que te choques constantemente con manadas de “steak-tartar”, no sucumbas a la tentación. ¡Aguanta y sobrevivirás!

 

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Lo mejor para cazar es pasar desapercibida. Aquí tienes algunas técnicas del conocido “camuflaje de charca”.
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Fíjate en que la mujer es casi imperceptible…
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Emoción inexplicable cuando ves que no está todo perdido: ¡siempre quedará el congelador y su fantástica magia!

Si tienes la suerte de vivir en una isla con embutidos salvajes, puedes cazar libremente pavo (braseado o normal), jamón dulce y mortadela. Si no puedes aguantar la tentación y eres tan buena que alcanzas algún jamón de jabugo o fuet no se te ocurra volver a soltarlo. En principio está prohibido comer embutidos pero si los congelas puedes seguir disfrutando de estos manjares sin miedo al monstruo T (la congelación es su enemigo más letal).  Juergapapá come “encantado” todo el embutido congelado (lo meto todo en el congelador para evitar confusiones) y el pobre lo comprende o al menos eso me hace creer.

Como extra, comentar que la vitamina A es mala malísima en dosis altas durante el embarazo (puede provocar malformaciones) por lo que evita el hígado y el paté. Son manjares más difíciles de encontrar cuando estas perdido en una isla pero el hambre juega malas pasadas así que aunque sea lo único que puedas llevarte a la boca ( momento boda o aperitivo) aguanta y lánzate a por las manadas de pan, a secas, si nada untado, como buena superviviente que eres (¡uuuu-haaaa!).

¡Pero no sólo de carne y pescado vive el hombre! En la mayoría de junglas habitan formosas gallinas dispuestas a proporcionarte huevos a tutiplen. Sin exagerar (no queremos que ahora cojas más colesterol que el prota de “Padre de Família”) puedes tomarlos tranquilamente pero siempre que no estén blandos ni crudos. La salmonela o monstruo S (ya has visto que esta isla es peor que la casa encantada) está al acecho y la única manera de eliminarla es evitando todo rastro de huevo crudo (ganas de llorar aumentando al imaginarme la yema de un huevo frito, amarilla y blandita, rompiéndose sobre mi arroz -salvaje evidentemente, estamos en la jungla- con tomate).

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WARNING: Vigilad mucho con las tablas de quesos… Son muy engañosas y tienen técnicas de camuflaje muy bien aprendidas. Así que pregunta SIEMPRE si los quesos están pasteurizados

Cuando ya piensas que tu experiencia buscando comida tampoco será tan horrorosa (unos meses comiendo carne dura y tortilla reseca y de vuelta a la civilización) llega una última lanza desde las profundidades de la jungla: la bacteria listeria o monstruo L ha atacado a la queso-tribu y éstos se han encerrado sin dejarte ni una brecha para llevarte algunos de sus manjares. Cuando crees que todo está perdido y que te pasarás 9 meses sin probar el queso, el héroe de las altas temperaturas llega para salvar o más bien dicho “pasteurizar” la situación. No todos han podido ser rescatados, por lo que deberás evitar los quesos no pasteurizados o blandos como el feta, el brie (punzada de dolor), el camembert o quesos azules como el Roquefort. Por suerte, los quesos curados y semicurados (cheddar, parmesano, emmental, mozzarella), el queso cottage, ricota, el queso cremoso y los productos lácteos fermentados han sido salvados y aún podrás comerte unos buenos canelones salvajes gratinados o unos “serpeguetis” a la carbonara.

Por último, aprovéchate de tu condición de omnívoro y ataca a las verduras y frutas salvajes (sobretodo lávalas bien antes de comértelas). Y si puedes omite el “momento vaca” (sé que puede ser difícil cuando tu estado normal es sentirte una más de ellas) y evita comer germinados crudos, como la alfalfa.

Ahh y antes de que se me olvide: las plantas del alcohol y de la cafeína es mejor no recolectarlas. En las plantaciones de alcohol lo mejor es poner un espantapájaros con cara de Carmen de Mairena para evitar tentaciones nocturnas (la abstemia es la mejor decisión durante el embarazo). En el caso de la cafeína, se recomienda no abusar pero, con el cansancio que conlleva superar tantas aventuras, nos podemos permitir de 1-2 tazas de café/bebidas con cafeína al día (yo no he podido evitar llevarme un cargamento de Coca-colas light a la jungla).

 

Con estas pocas normas (ironía modo ON) y el #manualdesupervivencia bajo el brazo, ya estás preparada para empezar tu aventura en la jungla del embarazo. A parte de cuando al maldito “pez-sushi” se le antoja venir a mi memoria (quiero que cuando salga de esta isla alguien me venga a recoger en un restaurante japones con ruedas) o las manadas de “steak-tartar” se aposentan con recochineo en la puerta de mi campamento (estan muy tranquilos de que soy menos peligrosa que Gandhi) se puede soportar bien.

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Si se te hace muy duro lo de no comer sushi, imagínatelo como un malvado grupo de los Yakuza… Seguramente no ayuda mucho pero por probar que no quede

Y si te ves muy desesperada con tanta restricción siempre puedes hacer como en mi caso: plantar unos cuantos árboles de los donnuts y cuatro o cinco arbustos de Haggen Dazz. No sé si te compensarán las perdidas pero en mi caso son los más recolectados de toda la jungla.

Dejad espacio en la mochila que en unos días os traigo otro número del #manualdesupervivencia

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Tampoco hace falta pasarse amiga…

Muchos besos,

Juergamamá

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8 thoughts on “#Manualdesupervivencia Vol.1: La comida”

  • Super currado el post! Muy bien explicado todo, yo en mis embarazos siempre he congelado el jamón, no podía evitarlo! Y lo cierto es que luego se descongelaba muy rapidito y no cambiaba el sabor en absoluto! Una gozada 😁

  • Jaja pues sí que hace falta un manual para superar el embarazo!
    De todos modos, tengo que decirte que yo no sabía lo del paté y el queso (y me debo haber puesto las botas en los embarazos) y encima yo soy una de las afortunadas que sí había pasado la toxoplasmosis, así que comer he comido mucho… ahora que luego me sentará bien es otra cosa (más vale no hablar del tema gases).

    • Bueno tranquila porque como dice mi madre ella se hinchó a Jamón y embutidos (en esa época no se sabía nada de esto) y dice ella que no pasó nada… Yo luego le contesto que cómo quiere que yo no vigile a rajatabla lo que como viendo cómo he salido jajaja… ¡¡Qué suerte lo de la toxoplasmosis!! yo estoy sobreviviendo a base de congelados. Y sí, mejor omitir el tema gases porque no paro de decirle a mi pobre novio que es pasajero y que yo no soy, que es la bebé…un drama en toda regla

    • muchísimas gracias (L)!! me alegro mucho que te haya gustado y sobretodo que te hayas reído! Como siempre digo la vida con “buen-humorismo” se vive mejor 😛

Tengo ganas de leerte! Déjame tus comentarios :)