#Manualdesupervivencia Vol.3: Ir a un restaurante

Ir a un restaurante es un placer por muchas razones, la principal (a parte de probar platos que en casa te saldrían peor que las predicciones de Rappel) es que vas, te sientas y te lo traen todo hecho. No tienes que hacer nada, sólo disfrutar y premiar a tus papilas gustativas.

MOC, ERROR. Esa despreocupación ya es historia: ahora hay una serie de dudas existenciales que te perseguirán como el aliento a all-i-olí después de comerte una fideuá (arma de doble filo donde las haya… buenísimo pero mortal si esperas algo más que un corro de la patata a tu alrededor esa noche).

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Antes podía apetecerte más ir a un restaurante mejicano que a un italiano pero si al final se decidían por el italiano tampoco era un gran problema. Ya encontrarías algo que te gustase y la próxima vez tocarían nachos. Ahora todo es distinto… No es que no te apetezca un restaurante en concreto, es que si vas puedes morir de sobredosis de envidia y atragantarte de decir tantas veces “de esto yo no puedo”.

Restaurante con el sello de calidad “Embarazadas SÍ” (no es oro todo lo que reluce pero tienes mucho donde elegir)

Medalla de ORO: MEDITERRÁNEO

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Da gracias al cielo cuando tus amigas, familiares o compañeros de trabajo quieran ir a comer a un restaurante “de los de aquí”: tapeo, marisco, arroces, ensaladas, croquetas, carne a la brasa, pescados al horno, tortillas y muchos otros deliciosos platos de los que podrás disfrutar sin remordimientos. No te desmorones más al leer la carta: convence a Juergapapá de que cada día es bueno para hincarte una buena paella entre pecho y espalda y siéntete normal otra vez.  

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Otros aceptables: ITALIANO (la pizza y la pasta son otro must en la dieta de las embarazadas, yo me lo tomé a rajatabla y mis noches de pizza no me las ha quitado nadie), MEJICANO (si tienes cuidado con algunos quesos está padrísimo güey)CHINO (dale al arroz y al pollo frito).

Restaurante con la etiqueta “Embarazadas a más de 20 metros” (si entras es bajo tu responsabilidad)

Medalla de LLORO: JAPONÉS

(Punzada de dolor con solo pensarlo)

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Si no te gustaba el sushi ni los tartars estás de suerte, has pasado de largo uno de los peores momentos alimenticios del embarazo. En mi caso, estoy contando los días para comerme un buen tartar de salmón o una bandeja ENTERA de sashimi (momento cortocircuito por las babas). Es algo inevitable que todas las cenas quieran hacerse en restaurantes japoneses. Y por mucho que te digan “escogemos otro que tú no puedes” acabas cayendo y creando una muralla de fideos, arroces, gyozas y edamame a tu alrededor para luchar contra las bandejas gigantes de sushi que no sabes cómo siempre acaban sirviendo justo en tu cara.

Otros: CARIBEÑO, PERUANO (el ceviche es uno de sus platos estrella y evidentemente uno de tus platos prohibidos) , INDIO (puedes ir pero las embarazadas solemos tener digestiones pesadas y acidez así que no sé si el picante será tu mejor aliado)

LOS TRUCOS DE JUERGAMAMÁ

Especialista en salir a comer y cenar fuera y convencida de no dejar de hacerlo ni un sólo mes de mi embarazo, he patentado una serie de trucos muy “óptimos” (mi palabra fetiche, los que me conozcan podrían reconocer que lo estoy escribiendo yo sólo por esta palabra).

  1. Estudia la carta con la MENTE ABIERTA (open-minded para los internacionales). No te ofusques en que no podrás comer nada, SIEMPRE hay algo.
  2. Omite la parte del “BUUUF CON LO QUE ME GUSTA ESTO Y NO PUEDO NI PROBARLO”. Puede que a alguien de la mesa le interese (cosa que dudo) pero en principio sólo hará que te sientas más miserable en medio de toda esa gente “como-lo-que-quiero-cuando-quiero-y-me-importa-un-bledo”. Así que evítatelo amiga.
  3. Crea platos de tu propia cosecha. ¿Quién ha dicho que embarazada no puedas comer tataki? En mis periplos por el mundo de la restauración he creado el “CHAMUSTAKI” (delicioso tataki “requemado”) o el “SUELAMILLO” (solomillo más seco que la suela de un zapato)
  4. Siempre que puedas plantea hacer una pica-pica con extra de aceite para compartir. Las croquetas, bravas, nachos u otras opciones altas en grasas son un salvavidas para aparentar que estas integradísima comiendo de todo
  5. Por último nunca te olvides de pedir doble o triple ración de “pansalvidas”, el archienemigo del hambre en el embarazo. Yo después de 9 meses de embarazo podría ser la mejor catadora de panes de la historia…

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En definitiva, buscad soluciones sencillas y no exagereis las cosas, que para eso ya está el sector masculino: se puede ir a restaurantes Y OLVIDARTE DE LAS LIMITACIONES CON HUMOR, “CHAMUSTAKI”, “PANSALVIDAS” Y MUCHO COULANT DE CHOCOLATE

Porque por mucho que todo parezca un drama no lo olvides:

SIEMPRE TE QUEDARÁ EL POSTRE 

(Yo me he vuelto adicta a mi versión de compartir [“pídete tu el coulant y me lo comeré entero y si me acuerdo te dejaré el helado deshecho que sobre nos lo partimos”] los postres con “San Juergapapá”)

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Muchos besos,

Juergamamá*

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  1. Vamos a aclarar una cosita antes de empezar: tengo que reconocer que yo me he tomado muy a rajatabla el tema de qué puedo comer y qué no estando embarazada. Ya escribí un post sobre la alimentación durante el embarazo así que si alguna está interesada os dejo el link: #Manualdesupervivencia Vol.1: La comida

 

 

 

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